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lunes, 29 de abril de 2013

Antología La llave: descarga


Hace días que solo aparezco por aquí una vez a la semana. Mi desaparición se debe a que mi trabajo formal está ocupando gran parte de mis horas y no me deja ni un ratito libre para dar rienda suelta a mis creaciones literarias.
Mi presencia de hoy se debe a la maravillosa noticia de que ya se encuentra disponible la descarga de la Antología La llave, organizada por el blog Kiss a Book. Tengo el honor de que un relato mío forme parte de ella junto con 51 otros grandes autores de diversos géneros.
Para poder descargarla en pdf haz click en el link más abajo o para hacerlo en formato epub o mobi, en la imagen y te direccionará al blog.

lunes, 15 de abril de 2013

Entre los abrigos


Prendí el ordenador y me dispuse a escribir los tres correos. Había estado toda la tarde evitándolo, pero ya era hora de enfrentar los hechos.
Estimada Laura,
Creo que sabes por qué te escribo. Para que no haya malos entendidos, me refiero a lo que viste en el corredor. No voy a inventar una excusa estúpida de por qué ella tenía la ropa arrugada y mal abrochada, no quiero subestimar a tu intelecto. Sabes lo que ocurrió dentro de la habitación, solo puedo apelar a que algo se apoderó de mi persona y tomó el control de mi mente y mi cuerpo.  
Sé que no me creerás cuando te diga que amo a tu amiga. Amo a mi esposa, es mi amiga y mi compañera desde hace años. Esto sonara a frase trillada, pero la mujer de la fiesta fue solo sexo y nada más. Fue estar frente a un bocado en un momento hambriento.
Solo voy a pedirte un favor, deja que sea yo el que le confiese mi infidelidad. Te enterarás en el acto cuando lo haga, puesto que estoy seguro que ella acudirá a ti en busca de comprensión y consuelo. No te preocupes, no le diré que me descubriste. Dejo que tú elijas hacerlo o no.
Te agradezco la comprensión y tu silencio
Listo, ya estaba enviado. Luego venía el más difícil y que me resquebrajaba.
Mi adorada Clara,
Amor, ¿recuerdas la margarita que te di en nuestra primera cita? Esa flor de pétalos blancos que emulaban el resplandor y la suavidad de tu piel. Recuerdo que me pregunté qué había hecho para merecer tal preciosidad y aún sigo preguntándomelo. Haces que mi corazón continúe palpitando día a día con una frecuencia que solo tú logras.
De un tiempo a esta parte, me he percatado que yo no sigo aumentando tu ritmo cardiaco y los años se me han venido encima, ya no soy el jovencito que era. Mi cuerpo puede rendir cuentas al respecto. Supongo que sabrás que a veces a los hombres se nos mete en la cabeza querer volver a sentirnos viriles y deseados por alguna joven.
Ante todo quiero que sepas que te amo con toda mi alma y, aunque hemos tenido nuestros altibajos, ese sentimiento nunca. Te pido que sigas leyendo y que no te levantes del asiento, te voltees y me abraces para decirme que también me amas. De ser necesario te mantendré en el sitio con mis manos aferrando tus hombros para que continúes con la lectura, dado que lo que sientes por mi puede tambalear en las siguientes líneas.
Lo que voy a confesarte no puedo decirlo en voz alta, soy un cobarde, por eso te estoy escribiendo este correo.
Ayer, en la fiesta, ocurrió algo que, aunque mi mente me grita que calle, que no te diga mi pecado, mi corazón proclama más alto que no puedo continuar ocultándolo. Cuando entré a buscar nuestros abrigos en la recamara de Mariano, entre las tantas ropas sobre la cama había una joven durmiendo la borrachera. Me acerqué despacio. Nuestros abrigos estaban debajo de ella, así que tuve la intención de sacarlos. Al tocar su piel, un intenso aroma a jazmines me envolvió y mis ojos se deslizaron por las largas piernas que quedaban a la vista. ¡Ay, Clara, tenía la minifalda arremolinada al inicio de los muslos, hasta sus delicadas bragas lograba ver!
No voy a profundizar en los acontecimientos, no quiero seguir lastimándote, supongo que imaginas lo que sucedió. ¡Hace tanto que tú y yo nada, amor! Sin embargo, no es una excusa válida, estoy arrepentido en lo más profundo. Solo voy a repetir que te amo y que sé que nuestro matrimonio será puesto a prueba después de esto. Decidas lo que decidas, lo entenderé.
Siempre tuyo.
Tu esposo
Y por último, uno que no era más ni menos difícil que el anterior, solo diferente.
Encantadora Bella durmiente,
Sé que esperabas un llamado y no un correo. ¿Qué decirte después de lo vivido? Cuando entré y te vi allí, acostada en el lecho y dormida profundamente, algo se apoderó de mí. Me senté a tu lado y tu perfume inundó mis fosas nasales, desde entonces he descubierto que me encantan los jazmines. Había algo que me llamaba, como una mano invisible que me atraía a ti. Mis yemas picaban por el ansía de tocarte y sucumbí a la tentación. Deslicé un par de dedos por tu pantorrilla y electricidad subió por mi brazo y te estremeciste. Temí que te despertaras y aparté mi mano al instante, pero no, continuaste durmiendo como si nada. Volví a acariciar tu muslo. La prenda blanca que ocultaba tu sexo me convocaba. Sentí como mi boca se llenaba de saliva y mi corazón latía frenéticamente. ¡Estabas tan hermosa!
Al tocarte sobre las bragas y notar como te ibas humedeciendo, supe que no había vuelta atrás. No me importaba que no fueras consciente de lo que ocurría, y menos aún me acordaba que tenía una esposa y que me esperaba escaleras abajo mientras charlaba con sus amigos. ¡Ay, al correr la prenda con un dedo y hurgar en tu interior…! Esa perfecta cremosidad que se adhirió a mi dedo se veía tan apetitosa que no pude dejar de chuparla y degustar el néctar agridulce. Un gemido alentador salió de ti  y se entremezcló con la música atenuada de la fiesta. Volví a irrumpir en ti y nuevos incentivos salieron de tus labios. ¡Dios, estabas lista! Parecía que me habías estado aguardando.
Al tiempo que continué con el jugueteo y acerqué mi boca a la tuya, pude inhalar el olor a alcohol que desprendías. Tus pestañas revolotearon sobre tus mejillas y pensé que te despertarías, pero, enloquecido, ya no tenía miedo. Mi excitación creció insoportablemente y mi sangre se atropelló en mi pene. Noté que mi glande soltaba unas pocas gotas preseminales y que éstas mojaban mi pantalón. Sin quitar mis dedos de ti, ya eran dos, me desprendí el cinturón y en dos segundos mis pantalones estaban a mis tobillos.
Degusté tus encantos, tu piel, tu cuello, tus hombros… Tus parpados se apretaban y tus labios estaban separados y formaban una perfecta “O”, de los que salían gemidos ya convertidos en jadeos mientras aferrabas con los puños sobre tu cabeza un horrible abrigo verde.
Era hora. ¡No sabes lo que me hacías, me sentía en llamas como en el mismo infierno! Creí que mis latidos se detendrían de lo acelerados que eran y que el brasero que tenía sobre mi piel iba a reducirme a cenizas en cualquier momento. ¡Ay, cuando me deslice y me estrujaste como si quisieras sacar todo lo que pudieras de mí! No sé cuántos bombeos duramos, no muchos antes de que explotáramos y estallaran los fuegos artificiales.
No voy a seguir, te confieso que tengo la polla dura de tan solo escribirte estas líneas. Mi mano pica del anhelo de masturbarme.
Te escribo para decirte que, aunque me hayas dado tu teléfono, estoy contemplando el trozo de papel con tu hermosa caligrafía en este instante, voy a tirarlo, no volveré a verte. Me encantaría, pero no quiero que esperes algo que quizás no se dé.
Te mando un beso húmedo y salivado,
El hombre que te amó entre los abrigos.
Miré las palabras que tenía delante. ¡Qué mierda! Abrí mi cierre, saque mi pene y comencé a bombearme con una lentitud torturante. Eché mi cabeza hacia atrás y puse mis ojos en blanco mientras jadeos salían de mi boca. Contemplé el trozo de papel y lo guardé en el bolsillo de mi pantalón. Una vez más y lo tiraría.

sábado, 13 de abril de 2013

Mi microrrelato para El arte de las palabras


Estoy muy contenta de traerles mi microrrelato para el reto original que organizó el blog El arte de las palabras en celebración por sus  250 seguidores. Cualquiera puede participar al hacerse seguidor del blog y al llegar a los 50 microrrelatos se realizará un ebook de descarga gratuita. ¡Así que a animarse!

El VIENTO me trajo la FOTOGRAFÍA de un HOMBRE y desde entonces, cada NOCHE, su rostro me perseguía en SUEÑOS. Mientras leía el DIARIO o comía MORAS en un RINCÓN de mi habitación, el DESEO por él, el protagonista de mis FANTASÍAS, me asaltaba y abrasaba.  Un DÍA tocaron a mi puerta y al abrirla, el rostro de la imagen que tanto contemplaba y que descansaba bajo mi almohada, me observaba con intensidad. Bajé la mirada, él traía una foto mía en la mano. El SUSURRO del viento nos había unido.

Para acceder a las normas del reto hacer click en la imagen.