sábado, 31 de enero de 2015

Dime que no

Al abrir la puerta del cuarto de baño dentro del balneario, un hombre le interceptó la salida. Descendió la vista por aquel torso musculoso del que gotas resbalaban y un anhelo sin igual de recoger cada círculo cristalino con su lengua la estremeció y la dejó sin aliento.
—Permiso —pidió con un hilo de voz.
Sin embargo, él no se movió ni un ápice y cuando quiso rodearlo, plantó ambas manos en el marco de la entrada, sin dejarla salir.
—Adentro —ordenó con tono autoritario y que no daba lugar a replicas.
—¿Perdón? —cuestionó, desconcertada.

—Me has estado comiendo con los ojos durante toda la mañana —argumentó—. Y he venido a que me des lo que prometías en tus miradas.
El aire se le atoró en la garganta. Era cierto que lo había estado contemplando; aunque hubiera querido apartar los ojos, no habría sido posible.  Hipnotizada por  un cuerpo que nadaba contra las olas, la piel, bronceada y húmeda, abrillantada por los rayos de sol como bañada en oro líquido, los brazos penetraban el agua con la precisión de una maquinaria aceitada. Había quedado en medio de la playa, bajo la sombra de una palmera, observando como aquel espécimen sacado de un cuento de fantasía, se sumergía y trasladaba a lo delfín en medio del océano.   
—No sé a qué te refieres —mintió con las mejillas rojas como las cerezas maduras al tiempo que rehuía la vista del color de las hojas en primavera.
Él enlazó un brazo alrededor de su cintura, la elevó como si no pesara más que una pluma y los adentró en el baño tan rápido que ella ni siquiera consiguió reaccionar. La sentó sobre la mesada del lavabo de mármol que le congeló el culo al segundo y se posicionó entre sus piernas, sin permitirle movimiento alguno, lo que la irradió con un fuego sin igual.
Tan solo cubierta por un pequeño bikini y él vestido con un traje de baño que no hacía nada por disimular la dureza escondida debajo, las pieles no podían evitar rozarse, tocarse, frotarse. La sujetó por las caderas y la aproximó a él con suma seguridad en sus modos.
—No —fue la súplica que abandonó sus labios y se estremeció al posar las palmas sobre el cálido pecho casi pegado al suyo. Lo que no tenía en claro era si suplicaba que se detuviera o que no lo hiciera.
Posó las manos en los antebrazos resbaladizos por las gotas de agua salada que aún lo humedecía y percibió el calor que emanaba. Una niebla de pura excitación los envolvió, el mundo enteró desapareció en un parpadeó y las sensaciones se intensificaron en una escalada interminable vibrando cada terminación nerviosa.
El desconocido le enterró las manos la cabellera castaña, le apartó un par de mechones y le acercó la boca al oído.
—Amor, si dices de nuevo que no —susurró, estremeciéndola de tal manera que hasta encogió la punta de los dedos de los pies y clavó las uñas en su brazo—, me iré —gruñó y miró las pequeñas falanges hundidas en su piel—. Para mí un «no» es «no» —dejó bien claro para luego conectar los ojos con los de ella—. Dime que no —la desafió.
Ella abrió la boca, sin embargo ninguna palabra la abandonó y quedó con una mueca bastante ridícula en el rostro.
El murmullo de personas que pasaban por el corredor al que daba la puerta del baño la trajo a la realidad, pero cuando él se acercó a la distancia de un suspiro, el aroma a agua salada y sol la envolvió aumentándole la temperatura a un nivel inaudito que casi la hacía sentirse adentro de un horno como un pavo cociéndose para Navidad.
Él sonrió con sensualidad y descendió la boca sobre la más suave que lo esperaba con ansia. Le lamió las comisuras hasta que ella abrió apenas los labios y le permitió la entrada. La devoró con hambruna y ella respondió con igual intensidad y voracidad, salvo que él sabía a especias picantes como una mezcla entre cayena y curry. Le posó las manos por debajo de los muslos y le rozó la parte inferior con las yemas, provocándole que un centenar de fuegos artificiales explotaran a lo cuatro de julio. Le alzó las piernas hasta enlazarle los tobillos por detrás de su cadera.
La sujetó por las caderas y ella enlazó las muñecas por detrás del cuello masculino, enredó los dedos en el cabello oscuro, y se inclinó hacia adelante hasta quedar pegada a él. La reclinó contra el espejo que tenía detrás y ella se arqueó contra él, gimió dentro de su boca, presa de un sinfín de sensaciones que jamás había experimentado con un total desconocido.
Él liberó su boca para dejar un camino ardiente de besos por su mandíbula, cuello y clavícula. Cuando arribó al inicio de los senos, con los dientes le descendió la parte superior del traje de baño. Los  pezones, endurecidos y anhelantes, captaron la atención del hombre. Apresó uno en la boca, arrancándole un jadeo agudo; lo mordisqueó y torturó a su antojo mientras con dos dedos reclamaba el que había quedado abandonado. Lo tironeó, arañó y friccionó, conduciéndola en una montaña rusa del más crudo deseo.
Los gemidos, suspiros y jadeos acallaban los murmullos del mundo exterior, creando una atmósfera solo habitada por ellos y las sensaciones que los poseían.
La aferró por el cabello, enderezándole la columna y alzándole el rostro tan rápido que la sorprendió. Conectó los ojos con los de ella por unos segundos. Sin pronunciar palabras rozó con una yema el límite de la parte inferior de su bikini, dibujando una línea invisible hasta llegar a la porción de tela que le cubría el sexo, palpitante ante la suave caricia que le robaba el aliento. La corrió a un lado y acarició los labios húmedos sin dejar la conexión de las miradas, vigilante al ennegrecimiento de los ojos femeninos, presos de la excitación y la lujuria.
Un gemido le escapó de los labios cuando él ingresó la punta de una falange en su interior. Embadurnó su dedo con los fluidos que manaban de ella, luego lo sacó y saboreó su cremosidad.
—Una delicia, amor —susurró y ella acercó aún más su cadera a las de él a la búsqueda de la satisfacción que la desesperaba.
Él apresó su boca en la suya mientras dejaba caer el traje de baño que lo cubría hasta los tobillos y una erección batía el aire.
De la nada, apareció un preservativo con el que se enfundó en una milésima de segundo. Con solo envite, entró en ella y un lento bombeo dio inicio, disparando miles de explosiones eléctricas por cada punto sensible de sus cuerpos, sudorosos y ardientes. Se movían con tal fluidez que no se lograba distinguir uno de otro, ambos amarrados entre sí, disfrutando del goce que se les presentaba.
Los músculos se tensionaron al acercarse al precipicio que los haría zambullirse en una caída abrasadora mientras la sangre hervía y se agitaba a una velocidad sin igual como mil caballos desatados. Las estocadas se tornaron salvajes, enfebrecidas y enloquecidas por dejarse caer al precipicio que los aguardaba en la cima.
Los gemidos, junto con los sonidos de las caderas chocando una contra otra, reinaban en aquel pequeño espacio que los escudaba del resto de los veraneantes.
Ella le enterró las uñas en los hombros al tiempo que él aferraba su cabellera para desbocarse como un animal embravecido. Un grito agudo irrumpió y un gruñido profundo lo acompañó. Ella se dejó caer contra él convertida en un flan y él la acunó a la par que buscaban que el aire volviera a entrar en sus pulmones y los golpeteos irregulares de sus corazones se calmaran.
Él le pasó las manos por el cabello y la acarició con suma dulzura ante lo que ella ronroneó y se acurrucó contra el pecho algo velludo.
—Aún me quedan unos días —informó ella en un susurro.
—Bien, mis vacaciones recién comienzan, amor —y con esas palabras sentenció un futuro, sensual y ardiente, exclusivo para ellos. 

6 comentarios:

  1. Participo en la campaña ¡Por un club más unido! del club de las escritoras!! :)

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  2. Hola, estoy participando en la campaña de el Club de las Escritoras y ya te sigo, aquí te dejo el link de mi blog.
    http://perdiendomeentreletra.blogspot.com/

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  3. Hola, Yanci. Gracias por seguirme, ya te sigo!
    Besos

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  4. Hola, también participo de la campaña "Por un club más unido" del Club de las Escritoras y ya te sigo. :D

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  5. Hola!
    Formo parte de la campaña 'por un club más unido' y te sigo!
    Pronto me pondré al día con tus entradas, y te felicito por tu diseño porque es precioso.
    Nos leemos.

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