domingo, 24 de febrero de 2013

La mano que anuncia tu llegada




Arribé agitada y sin aliento. Había llegado tarde, el subte que acostumbraba tomar ya se había marchado y temía que él se hubiera ido también. El corazón me corría a mil por hora, una gran angustia se me gestó en el estómago y nudos se arremolinaron en mi interior. Lo había perdido, al menos por esa semana.

Hacía un mes me había subido al subterráneo a temprana hora, como solía hacer por las mañanas para ir al trabajo. El andén se hallaba atiborrado. Al abrirse las puertas, la gente comenzó a empujar a fin de lograr entrar antes de que tocara el silbato que anunciaba la partida. El tumulto me llevó en vilo, mis pies apenas tocaban el suelo. Di un traspié y casi caí sobre el individuo sentado frente a mí -un gordinflón que leía el periódico ajeno a la desesperación que lo rodeaba-, si no hubiera sido por una mano que de improviso me aferró por el abdomen y detuvo la caída.
Una vez que me hube incorporado, me percaté que la mano continuaba en mi cintura a palma abierta y el dueño de ésta se encontraba pegado a mi espalda. Mis sentidos se vieron hipnotizados por un repentino aroma a hombre que me envolvió y me hizo olvidar tanto dónde me hallaba como de las personas que me apretujaban. Sin ser demasiado consciente de lo que me movía, me recosté sobre el pecho del extraño, él descendió los labios por mi cuello, degustando la suave declinación y yo giré la cabeza a un lado para darle mejor alcance, consintiendo la súbita locura. El calor que emanaba de la palma en mi abdomen, del torso contra mi espalda y de los labios sobre mi cuello, me cubrió entera. Un ardor sin igual viajó por mi piel, erizándola, los dedos de mis pies se encogieron e involuntarios gemidos escaparon de mi boca. Todo mi ser despertó a una vida de puro placer y excitación. Mi respiración salía a trompicones y mis pestañas revoloteaban al sentir el cálido aliento detrás de mi oreja.
Un tropel de sensaciones hizo ebullición en mí, a la vez que éramos mecidos por el suave pendular y acunados por el leve murmullo. No nos percatábamos del subir y bajar de las personas en torno, tampoco del fuerte silbato que sonaba en cada estación. Tan solo existíamos él, yo y el ardor que nos consumía.
No podía creer que, en un trasporte público, viviera tales emociones que revoloteaban en mi interior como las mariposas que sienten las adolescentes frente al primer beso. Con los ojos entreabiertos pude vislumbrar en la negrura de las ventanas un suave reflejo: cabello y ojos oscuros y una sonrisa que prometía miles de pecados al instante.  Sin embargo, el idilio terminaba cuando él descendía en su estación y yo volvía a la realidad, como si un baldazo de agua fría me fuera arrojado encima.
Así había comenzado una cita silenciosa que tenía lugar una vez por semana, a la misma hora, en el mismo vagón. Siempre era igual, él aparecía por detrás, me tomaba por la cintura mientras me acariciaba el cuello con la nariz o los labios. Jamás una palabra fue dicha entre nosotros, parecía que temíamos la irrupción del orden que otorgaba el lenguaje, como si solo se tratara de un viaje irracional.
No obstante, vivía por ese encuentro. Transcurría el resto de los días pensando en él, anhelando su toque, su cercanía, la calidez y aquel aroma envolvente que solo le pertenecía a él.
Al saber que hoy había llegado tarde y que me había perdido el placer de su presencia, me asaltaron unas terribles ansias de llorar, de liberar la frustración que me invadía.
El subterráneo iba llegando y ralentizó el avance hasta detenerse. Las puertas se abrieron y la gente comenzó a subir. Yo también lo hice, aunque con paso lento y pesado. Todos los asientos estaban ocupados, así que me instalé en el pasillo y me tomé de la agarradera. Dejé caer la barbilla sobre mi pecho y una solitaria lágrima se deslizó por mi pómulo. ¡Qué idiota! Ni siquiera conocía quién era. Por lo que yo sabía, podía bien ser un asesino serial o un violador. No, sabía que no lo era. Era el hombre con quien soñaba noche tras noche, día tras día y… ¡no la había esperado! Una furia intensa me subió por la garganta, calcinando todo a su paso, como si una gran traición hubiera sido perpetrada.
De pronto, una mano apareció de la nada, se posó sobre mi abdomen y me acercó al torso de un hombre de un solo envión. Un aroma, bien conocido, me inundó y el alma me volvió al cuerpo. Di un profundo suspiro. Él no se había marchado, me había esperado. Descansé la mano sobre la del extraño y entrelacé los dedos a los de él.
—Llegaste tarde —puntualizó una voz, profunda y masculina, detrás de mi oreja que erizó mi piel al instante.
—Sí —acordé sin aliento. Era la primera vez que lo oía hablar y escalofríos me recorrieron desde la punta de los pies hasta cada fibra de mi cabello.
—¿Bajarás conmigo en la próxima estación?
No respondí. El miedo desplazó a la emoción de saberlo allí conmigo. No lo conocía, ni siquiera había visto sus facciones, apenas había vislumbrado un vestigio de su imagen.
—Por más que me encante tu espalda —decía mientras arrastraba con suavidad un dedo por mi columna y me provocaba un millar de sensaciones— y tu trasero —el dedo delineó la línea de mi culo lo que me hizo estremecer—, quiero ver tu rostro.
Le brindé un breve asentimiento que atestiguaba las palabras no pronunciadas. Por más miedo que tenía a dar un paso más allá de lo que había entre nosotros, me moría por saborear lo que me aguardaba en el siguiente andén.

El transporte llegó a la nueva estación. Él aferró mis dedos con fuerza y juntos descendimos, deseando dar un paso más allá. Por primera vez pude ver cada rasgo del hombre que invadía mis sueños, solo que ahora mi protagonista onírico tenía un rostro. ¡Y qué rostro!

9 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Gracias, Elva! Como siempre, un honor tenerte por acá y encantada de que leas mis relatos. Besos.

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    1. ¡Me encanta que te haya gustado, Amaia! Gracias por leerme. Besos

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  3. Eres una maga de las letras, amiga Camilla.
    Me ha gustado.
    Un abrazo.

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    1. Gracias por el halago, EldanY, mis mejillas se ruborizaron un tanto jajaja. ¡Qué bueno que te haya gustado! Nos leemos.
      Besos

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  4. ¡Hola Camilla! Pasé a saludar y de paso a conocer tu blog. Me ha encantado la historia, realmente emocionante y muy sensual. Te felicito.

    un beso ;)

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    1. Con tu permiso me llevo tu link para mi blog y así seguirte ¿te parece?

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    2. ¡Muchas gracias, Luna! Bienvenida por estos rumbos y puedes llevarte el link sin problemas :)
      Nos leemos.
      Besos

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