domingo, 10 de febrero de 2013

Instrucciones para enhebrar una aguja


 Desde tiempos inmemorables, un pequeño filamento de metal, de no más de siete centímetros de largo y con figura cilíndrica, viene siendo utilizado para unir dos trozos de tela. Este artefacto, de estructura rígida y delgada, tiene una punta afiladísima en un extremo, y va aumentando su grosor hasta arribar a un diminuto agujero ovalado, en el otro. Los hay más o menos curvos o simplemente rectos; más finos o gruesos, pero todos cumplen un mismo propósito, coser. Este antiguo objeto se ha dado a conocer con el nombre de aguja.
Sin embargo, la aguja por sí sola, no logra su cometido final. Para desarrollar la importante encomienda debe combinarse con un conjunto de fibras naturales, artificiales o sintéticas que se unifican y trenzan para dar lugar a una larga y fina hebra denominada hilo. Hay hilos de todos los colores del arco iris y aún más.
Para dar inicio a la difícil tarea requerida, enhebrar una aguja, la persona que pretenda manejar estos complejos artilugios deberá ser advertida de los requisitos básicos que tendrá que poseer a fin de realizarla de manera apropiada: cuidado, paciencia y firmeza en los miembros superiores.


Por regla general, la punta del hilo se encuentra deshilachada, lo que dificulta el logro del cometido. Para corregir ese escollo, se toma el extremo del cordel, se lo introduce en la boca, solo un centímetro a lo sumo, y se lo estira por efecto de la presión de la lengua contra los dientes incisivos centrales y, al mismo tiempo, se jala de la hebra con la mano; una vez hecho esto, se retira el magro trenzado de la cavidad bucal y se retuerce la parte húmeda entre los dedos pulgar e índice para el lado en que se encontraban enroscadas las fibras al inicio, hasta unirlas nuevamente.
En la siguiente instancia, se ponen en uso las cualidades básicas del agente en tan ardua misión. Con la mano derecha debe asirse firmemente la punta del hilo, con la otra debe sujetarse la aguja por debajo de donde se encuentra el agujero. Para potenciar la precisión, un ojo debe ser cerrado, habitualmente el izquierdo, no obstante puede realizarse a gusto sin afectar el producto final, mientras el otro queda totalmente abierto y enfocado en esa minúscula abertura. El próximo paso se caracteriza por ser de inmensa dificultad, por ello la estabilidad de las manos es de suma importancia. Con mucho cuidado y muy despacio se va acercando el extremo saboreado y arreglado del cordel hasta el fino elemento, en todo momento con la vista fija en el blanco, hasta lograr pasarlo por el orificio tan solo por unos milímetros. Por lo general, hacen falta unos cuantos intentos hasta cumplimentar la tarea.
Una vez alcanzado ese primer objetivo, atención que no se ha finalizado aún, debe agarrarse, rápidamente, el pedacito que ha atravesado y tirar de él, hasta que una buena porción del cordel traspase el hueco. En ese momento, se evalúa la cantidad de hilo necesario para conquistar la empresa de unir los dos pedazos de tejido, luego se toma una tijera y se procede a cortar la hebra liberándola del carrete. Si se han seguido las indicaciones de manera ordenada, ahora debería encontrarse con su aguja correctamente enhebrada.

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