lunes, 11 de febrero de 2013

Derecho de los animales

 “Es increíble que ni predicadores ni moralistas eleven más su voz contra de los abusos hacía los animales” 
Voltaire


     Un hombre conduce el auto por la ruta junto a su hijo de siete años que le dice: «Papá, mira las vacas como están comiendo el césped», ambos contemplan la espléndida imagen del ganado vacuno mientras pastorean plácidamente bajo la sombra de los altos árboles. Al cabo de unas horas, se detienen en un restaurante a un lado de la carretera, y piden una hamburguesa con papas fritas, sin tener en cuenta que la carne del plato elegido proviene de los mismos ejemplares que habían apreciado más temprano.
Una mujer pasa frente al escaparate de una veterinaria y se detiene a mirar con ojos repletos de adoración a unos saltarines peluches blancos y de orejas largas, mientras piensa lo adorables y tiernos que son esos pequeñines. Cruza la calle para dirigirse a la carnicería. «Deme un conejo», le pide al dependiente que se encuentra afilando un cuchillo y viste un delantal blanco salpicado de manchas rojas. «¿Qué será hoy, señora Marino? ¿Conejo a la cacerola?», pregunta el hombre. «Eso mismo», contesta la mujer que hacía apenas unos instantes admiraba a la misma especie juguetear en una vidriera. Parece mentira que no se tenga conciencia de que aquel pedazo de carne que se consume sea, en realidad, un animal. Sorprende como se le da la categoría de objeto y se lo desprende de su esencia misma, la de un ser de carne y hueso y que, antes de que la mano del hombre de entrometiera en su existencia, estaba vivo.


Existen diversas posturas en cuanto a la importancia del animal y sus intereses. Ciertas personas creen que los animales son un ser inferior al humano y por lo tanto debe encontrarse a su disposición, pero hay otras que tienen el férreo convencimiento de que, sin importar su especie, tienen derechos; que no se hallan en un nivel inferior o superior, sino en un plano de igualdad con los homo sapiens.
Hay algo fundamental que comparte el animal con el ser humano, y que ha sido plasmado ampliamente por la antropología, la psicología, la filosofía y la biología, entre otras ciencias. Ambas especies experimentan las mismas emociones básicas: miedo, alegría, sorpresa, aversión, tristeza y enfado, que luego en el humano se ven complejizadas gracias al efecto del lenguaje, aspecto que, asimismo, ya había sido puntualizado por Charles Darwin con anterioridad.
¿Entonces por qué se continúa maltratándolos, explotándolos,  abandonándolos y asesinándolos? Simple, por falta de concientización. Concientización de que los humanos también son animales, con cualidades diversas, como dentro de la humanidad se tienen diferentes características y no por ello son más o menos importantes, más o menos dignos de respeto.
A lo largo de la historia, siempre hubo grupos de hombres que se creían por encima del resto. El racismo logró abolirse, al igual que el sexismo, pero hace falta un paso más aún. Todavía se cuenta con el especisismo. ¿Qué es eso? Se trata de la discriminación de un individuo en base a su especie, la manifestación más habitual es la que determina que se pertenece al grupo privilegiado de los hombres por el simple hecho de contar con ciertas aptitudes (inteligencia, habilidades lingüísticas, bipedación…) y quien no las posea no puede tener los mismos privilegios de quien sí lo hace. ¿Y qué sucede con los recién nacidos, las personas con un nivel intelectual inferior al promedio o de los sujetos que padecen algún tipo de demencia? ¿Y las que se movilizan en silla de ruedas o utilizan andador o bastón? ¿Ya no son merecedores de respeto? ¿Ya no poseen derechos al igual que los demás? Entonces, ¿qué diferencia a los humanos de los animales, si ellos experimentan emociones como el sufrimiento ante el abandono, el enfado ante el maltrato y el amor ante una caricia?
Hay varias corrientes que defienden los derechos del animal, una de ellas tiene sus cimientos en la alimentación, se trata del veganismo. Las personas denominadas veganas, a diferencia de las vegetarianas, no consumen ningún alimento que posea en su composición algún ingrediente proveniente de un animal, es decir, además de carne tampoco ingieren huevos, miel o lácteos y sus derivados. Se podría decir: pero para la fabricación de estos tres productos no se mata a ningún animal, ¿entonces cuál es el inconveniente? Muy sencillo, el veganismo está en contra de toda explotación y crueldad hacía el animal, sea cual fuera. Pero el ser vegano va más allá de un hábito nutricional, es un estilo de vida y una posición ética, pues no se utilizan vestimentas que posean algún elemento en su composición que proceda de algún animal o que haya sido experimentado en éste, al igual que los artículos de limpieza e higiene personal, como ser champú, jabón, desodorante, etc., en realidad, todos los elementos que se utilizan cotidianamente, se verifica que cumplan dichas condiciones, es decir, que sean cien por cien veganos.
En 1977,  en la ciudad de Londres, se estableció la Declaración Universal de los Derechos de los Animales, la que consta de catorce artículos bien definidos, en la que se proclama que: tienen derecho a la vida, al respeto, a no ser sometido a malos tratos, a vivir en su hábitat natural, a ser libres, a no ser abandonados de tratarse de un animal doméstico y, de ser uno de trabajo, a la limitación del mismo, alimentación reparadora y al reposo; a la no experimentación, a no servir de deporte, a no ser víctima, y a los animales fallecidos, a ser tratados con respecto. Con posterioridad, esta declaración se reformó y cambió la palabra derechos de su nombre por la de bienestar, dado que se creía que de esa manera sería mejor tratada y aceptada. Asombroso que haya que modificar la palabra derechos para que sean tenidos en cuenta, ¿cierto?
En suma, los animales son individuos que nacen, crecen, viven en comunidad, se reproducen y experimentan emociones como lo hace un humano y, entonces, ¿a qué se espera para considerarlos de importancia y respetarlos por igual?

2 comentarios:

  1. Hola, cierto es que somos unos animales omnívoros y comemos de todo.
    También carne, por supuesto.
    Los animales "irracionales" no tienen la posibilidad de manufacturarse productos similares a la carne sin serlo y sin tener que matar a otros.
    Esa es nuestra diferencia y bueno, el caso es que tampoco los animales nos coman a nosotros.
    A mí me daría igual, a precios lógicos, no comer carne y que no se matasen animales, mientras mi organismo y necesidades estuviesen bien cubiertas por los otros productos y mientras no sean perjucidiales si son medio artificiales.

    Un saludo, buenísimo post

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    1. Hola, EldanY. Es verdad que los precios de los productos veganos son caros, al menos en mi país. Este artículo no tiene la intención de "convertir" o ponerme en contra de las personas que consumen carne. En realidad, hace doce años me volvió vegetariana por una intensa convicción que sentía en mi interior, un amor enorme por todo animal y necesitaba hacer algo desde mí persona, comenzando por allí y luego colaborando en otras formas. Y desde hace dos que realice una transición al veganismo, más específicamente lo que se denomina "Raw Food".
      Sin embargo, como espero que me respeten a mi, respeto a toda persona que no comparta mi misma convicción. Es más, mi marido es omnívoro, claro que consume menos carne que la media de la gente en Argentina, pero lo hace de todos modos. También lo hacen mis cuatro gatos y mis cuatro perros, dado que no comen alimento balanceado por recomendación de la veterinaria naturista que los controla. Y sé que mis futuros hijos, el primero ya está siendo buscado :), serán lo que quieran ser, con la libertad y el apoyo de su madre.
      Gracias, EldanY, por tu opinión y por leerme. Siempre un gusto tenerte por aquí!
      Besos

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