viernes, 15 de febrero de 2013

Cojo, medio ciego y sin una oreja


Aquella navidad, de niño, le pedí a Papá Noel en la carta que me regalara una mascota. Mi viejo me despertó el viernes de víspera bien temprano y me llevó al refugio de animales de mi barrio. Me dijo que allí el gordinflón del Polo Norte me había dejado mi obsequio para que yo lo eligiera. Con mi renguera que enlentecía mis pasos, vagué por los pasillos contemplando los miles de animales solitarios encerrados en las frías jaulas, hasta que me topé con el indicado. Le faltaba la mitad de una oreja, aunque mantenía en alto el extremo restante, una cicatriz le cruzaba el cerrado ojo derecho y una pata trasera brillaba por su ausencia. Lo miré por unos segundos como él hizo conmigo, cada uno sopesaba al otro.
—Este —indiqué, mientras apuntaba con un dedo en alto al castigado espécimen.
—¿Seguro? ¿No quieres uno… perfecto? —me preguntó con una leve vacilación en la voz.
—Este es perfecto para mí —afirmé, mientras pensaba que ya sus amigos no lo elegirían para jugar al fútbol ni lo invitarían a andar en bicicleta.

2 comentarios:

  1. Me ha gustado Camila, sobre todo el final. Yo también escribo , te invito a conocer mi blog http://amaiavillaescritura.blogspot.com.es/

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    1. Muchas gracias por el comentario y por leerme. Con gusto me doy una vuelta por el tuyo. Besos

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